-Me das pena -me ha dicho alguien muy querido, mirándome con el labio torcido y los ojos no menos desengañados.
Por un momento he pensado en rebelarme contra su juicio, pero luego he visto que podía ser certero y le he dado el pésame:
-Te acompaño en el sentimiento.
-Te acompaño en el sentimiento.
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