Las alegorías idealistas sobre la libertad humana son de un ridículo espantoso. Por ejemplo: ¿alguien imagina a un pájaro aleteando pacientemente en la cola de un supermercado, de una oficina bancaria, de la taquilla de un cine? Y no es casualidad que esa alegoría sea la preferida en todas las campañas de publicidad, pues no en vano el supuesto "pájaro" ha de tener siempre la sensación de que vuela libremente, aunque sea dentro de una jaula de oro donde sus alas han sido sustituidas por dos tarjetas de crédito (al menos). Desde luego, todos estaremos de acuerdo en que no se consigue volar si no es venciendo la resistencia del aire, por grande o pequeña que esta sea; pero uno se pregunta de qué le servirá al pájaro de nuestro ejemplo hacerlo dentro de una jaula si no es para divertir a sus dueños con sus frenéticos esfuerzos por parecer libre como un ídem....
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