"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

sábado, 18 de febrero de 2017

En busca del tiempo perdido

De cuanto tiempo he perdido a lo largo de mi vida solo me doy cuenta hoy cuando, por culpa de alguna invitación que acepto de forma apresurada y escasamente meditada, me veo otra vez acodado, de madrugada, a la barra de un pub oyéndome decir las mismas tonterías que dije durante años y años de inútil vida nocturna, divagando y opinando sobre esto y aquello, o pontificando sobre lo de más allá, aunque, en todo caso, sobre cosas que poco o nada me interesaban en realidad, solo para no pasar por un aburrido ante mi interlocutor/a, o bien para hacer manifiesta mi indiscutible inteligencia ante él o ella mientras me decía para mis adentros que ambos éramos unos idiotas vanidosos: yo por no estar a esas horas en la cama leyendo un libro que fuese realmente inteligente, y él/ella por no haber tenido en toda la noche los arrestos, la decencia o la amabilidad de mandarme a la mierda...

viernes, 17 de febrero de 2017

La guardería

Es trágico, ¿y qué no lo es? Lo que a mi alrededor necesitan de mí las personas que me quieren no son frases, y yo no tengo otra cosa con la que hacerme perdonar el hecho pasajero de estar vivo. En cuanto niño que nunca muere, es comprensible que el artista sienta que no tiene derecho a ser lo que es mientras no le distinga el éxito y pueda prenderse de la solapa su condecoración fatal... "O eso o no saldré jamás de la guardería", piensa.

jueves, 16 de febrero de 2017

La expansión pesimista del universo

Pero... si las estrellas, entre sí, se alejan sin cesar, ¿qué esperanza nos queda a los demás?

En la piel del marino que perdió la gracia del mar

   La exultante  realidad del mundo me sorprende a veces como la visión repentina del mar desde lo alto de una colina. En mi casa, yo dispongo de un balcón que da sobre una calle populosa y que, al menos en los días soleados, crea ese efecto: vista desde ahí arriba la vida social ofrece por momentos el mismo espectáculo de las olas que blandamente lamen un promontorio, o de las que azotan, de modo bronco y salvaje, las costas de una bahía abierta a su empuje como una suave vagina. A veces, cuando me dejo llevar por mis sentidos recién despertados por tal embrujo, la visión es de una increíble amabilidad que se me antoja repleta de promesas felices... 
   Pero inmediatamente recuerdo que, como el mar, esa realidad es para mí impenetrable, y que no seré capaz de hacer pie en ella en cuanto me aleje unos cuantos metros de la orilla. De inmediato reconozco entonces la mía, mi propia realidad, y sé que no podría mantenerme a flote mucho tiempo en esa amable superficie que, desde lejos, nos invita a todos al baño, a la zambullida impulsiva y rejuvenecedora... Solo que yo sé que, por mucho que lo intente, nunca aprenderé a nadar en sus aguas, y menos aún a bucear en sus fondos, y por eso, durante todo el día, permanezco en el balcón sin bajar jamás a la calle, a salvo del inevitable ahogamiento o del no menos seguro naufragio. 

sábado, 11 de febrero de 2017

A los que duermen solos

Recordad que, como a todos los animales, la noche nos hace a los hombres un poco más débiles de lo que ya somos y que, por eso, es natural que sintáis cada vez más miedo a medida que merma vuestro vigor y el puntual sueño de cuando erais más jóvenes se retrasa, os rehuye como de los viejos se aparta todo lo que merece la pena: la tonta jovialidad, el altruismo, el buen olor, la curiosidad por los otros, el loco deseo y la plétora feliz de los sentidos satisfechos.Todo menos lo que es del todo irremediable: el mal genio y la sempiterna añoranza del tiempo ido sin saber cómo.

miércoles, 8 de febrero de 2017

A mis queridos maestros, II

Pero... ¿y qué nos enseñan nuestros errores, a fin de cuentas? Desde luego, no lo que no debemos hacer en la próxima ocasión en que nos encontremos en parecidas circunstancias, sino, precisamente, lo que volveremos a hacer de nuevo, siempre, una y otra vez, solo que ya sin tanto entusiasmo o ingenuidad o candidez como entonces, sin aquel dramatismo exagerado que llegaba a producir vergüenza ajena en los que nos apreciaban o querían, sin el lloriqueo histérico que movía a nuestros amigos a la risa y a la irritación a partes iguales, en definitiva, sin tomárnoslo nunca más tan a pecho y en serio puesto que esto que nos pasa ahora es la repetición de lo que ya nos pasó antaño y nos pasará después, nuestra equivocación actual hermana de la pasada y de la futura, y, por tanto, ya de sobras conocida, tanto que apenas conseguimos engañarnos a nosotros mismos cuando la cometemos por segunda, tercera o enésima vez, pero la cometemos, no obstante, porque eso es de verdad lo que somos en el fondo y no otra cosa... 

lunes, 6 de febrero de 2017

A mis queridos maestros, I

Los errores no se rectifican, se reconocen. Querer rectificarlos hasta el punto de desear que no hubieran sucedido no es posible, ni tampoco conveniente ya que supondría despreciar el conocimiento que, gracias a ellos, adquirimos. En la medida que nada se aprende si no es en propia carne, ¿de qué otra forma habríamos podido hacer ese aprendizaje? Para algunos de nosotros, errar en la vida suele ser la única manera de abrir las puertas de nuestro corazón a los grandes hallazgos de la Sabiduría, y si, en nuestro caso, ese es el camino para hacernos sabios, ¿no habría que considerar entonces bueno el dolor pasado, y bendito el fracaso que, en su día, creímos nuestra peor desgracia?... El sabio dijo una vez que el mayor error del hombre es haber nacido. Cometido, pues, el gran error, nunca intentemos rectificarlo y, en cambio, hagamos que, al menos, sirva para algo. Por ejemplo: para aprender a amar nuestros errores, a nuestros mejores maestros.    

domingo, 5 de febrero de 2017

Regla cinegética

El cazador solo se enamora, no ama. Si realmente amara, evitaría por todos los medios a su alcance apretar el gatillo.

¡Viva Pasolini!

Siempre será más amado quien menos da y, de dos amantes, siempre es el menos bello quien, de verdad, se enamora. Cuando uno no desea más el amor es porque ya estuvo en ambos infiernos, es porque en la vida ha tenido ya bastante de aquello a lo que uno, si habla en serio, jamás puede decir "¡basta!"

sábado, 4 de febrero de 2017

En olor de sensualidad

¡Oh, sacerdote! Renuncia a la venda interesada que te ciega y contempla con mirada amorosa la belleza intrínseca de tu miedo mayor, de esta otra "vida eterna" a la que se niega tu carácter oscuro, fantasioso y manipulador: la del hombre que cae muerto y es enterrado por higiene, la de su incesante renacimiento en el gusano y en la mosca, y el hecho tan obvio de que toda su gloria es necesaria solo para dar más brillo a la hierba que, gracias a su podredumbre, crece bajo el sol. Sacerdote: no le pidas imposibles a un dios cualquiera que no existe y, antes que en olor de santidad, procura morir, en cambio, en "olor de sensualidad". Así, pues, agoniza, si puedes, entre los muslos desnudos de otro hombre u otra mujer, según tus inclinaciones naturales, porque eso será lo más cerca que jamás estarás del Cielo.