Siempre será más amado quien menos da y, de dos amantes, siempre es el menos bello quien, de verdad, se enamora. Cuando uno no desea más el amor es porque ya estuvo en ambos infiernos, es porque en la vida ha tenido ya bastante de aquello a lo que uno, si habla en serio, jamás puede decir "¡basta!"
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