"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

miércoles, 22 de marzo de 2017

El secreto de sus ojos

Vi una vez una película que era, en realidad, una metáfora visual de una verdad tan dolorosa que a algunos individuos puede que les resulte insoportable. Se titulaba El Secreto de sus Ojos en alusión a la mirada del ser amado, una mirada que suele capturarnos de golpe y, más allá de toda propaganda sentimentalista, tiene la potestad de disponer para nuestro devenir un escalofriante futuro de reo que, ¡oh paradoja!, es muy capaz de hacerse carcelero por amor, y que, de ahí en adelante, quizás nos atrape para siempre. Creo recordar que el protagonista de la película era un tímido agente judicial y que la mirada en cuestión pertenecía a su jefa o superiora directa, lo que desencadenaba entre ellos los inevitables y estúpidos prejuicios debidos al ordinario conflicto de poder entre amantes que el Cine acostumbra a escenificar con tanto éxito y mejor que ninguna de las demás artes. El caso es que en aquella trama se producía el asesinato de una bellísima mujer cometido por un criminal que se escondía de la ley refugiándose en las cloacas del Estado Argentino, algo que, visto desde la perspectiva histórica, era bastante pausible dado que la cinta pertenecía a la filmografía del cono sur americano. 
Pero había una cosa más que también era previsible en este argumento, a saber: que, al igual que pasa en la vida, para asistir a su desenlace los protagonistas debían esperar veinte años. Así que, veinte años después, nuestro agente judicial regresaba al pasado para redescubrir a un hombre que se había dejado apresar por el suyo tras convertirse voluntariamente en carcelero a tiempo completo del asesino de su amada. Naturalmente la lectura que el espectador hacía de este terrible final para la vida de un ser humano era que ese hombre era un héroe extraordinario que, para corregir la injusticia oficial, se había visto obligado a tomarse la justicia por su propia mano aún a costa de pudrirse, él también, en la cárcel privada que acondicionara exclusivamente para tal fin. Y, por supuesto, en paralelo a la condena que el mismo había dictado contra el único preso que, por culpa de su admirable coraje justiciero, habitaba en ella, se podría decir que ese preso era ahora su víctima y su verdugo a la vez... 
Sin embargo, existía otra lectura posible por debajo o por encima de la anterior y es la siguiente: que, si se piensa bien, demasiadas veces las historias de amor acaban en un final parecido puesto que no es raro que terminen con alguien, con uno de sus protagonistas, alimentando a un preso que él mismo ha encerrado bajo llave, o sea: a un recuerdo que sigue vivo solo gracias a que nosotros nos hemos consagrado de por vida a ser sus carceleros.  Así que aquel magnífico final del film era, en realidad, una metáfora estremecedora de una muerte que, en la historia de todo ser humano, suele ser un acontecimiento inevitable en la medida que tener amor es ser tenido por ese amor,  y en razón de que a nosotros, los hombres, si bien nos halaga lo primero, a la larga detestamos profundamente lo segundo. La muerte a la que me refiero, pues, es la del deseo, la de los vivos e intensos sentimientos que un día nos inspira el sorprendente descubrimiento de una persona, de una mirada que oculta el secreto de la vida (su naturaleza última de prisión) en el fondo de sus ojos... 

lunes, 20 de marzo de 2017

El origen de la tragedia

El amor pasión es un tirano que lo quiere todo de nosotros, hasta lo que no podemos darle en modo alguno, y no por no tener voluntad de dárselo sino por carecer de ello: de ahí su desesperación frente a los regateos racionalizadores de Nuestra Sensatez y Nuestra Bondad, de ahí su sentimentalismo trágico, su sentimentalismo de perfiles duros que ve el mundo con claridad y nitidez, pero solo en blanco y negro; de ahí su autenticidad de bestia que no mira donde pisa y, en su ceguera, es capaz de llevarse por delante a la flor más bella, de ahí esa conmovedora autenticidad que, a la vez, nos resulta tan injusta y opresiva como la pataleta de un niño caprichoso... 
Pero, sobre todo, de ahí su acostumbrado final, siempre tan rápido e imprevisto a pesar de las muchas y claras señales que lo precedieron: de ahí aquel íntimo apocalipsis del alma que se hundió en el océano del tiempo en medio de grandes columnas de fuego y petrificadora lluvia de ceniza, en medio de terribles tormentas y maremotos que arrasaron para siempre esa particular y utópica Atlántida que es, en el fondo, el corazón de cada hombre, el corazón humano. Es decir: una civilización primigenia y feliz hecha no solo de cálculos precisos y razones fundadas, sino también de deseos locos y de pensamiento mágico, de la que creemos haber formado parte en un remoto origen, y que, después del amor pasión, de la tragedia madre de todas las tragedias, no vuelve a emerger en superficie sino al cabo de eras, aunque solo como leyenda o mito, no como una nueva realidad flagrante e indiscutible...

viernes, 17 de marzo de 2017

El forzoso aterrizaje de Ícaro

Es posible que solo quien no tiene demasiada imaginación llegue a viejo con la conciencia tranquila, pues el hombre de naturaleza imaginativa y soñadora suele haber cometido para entonces tal número de traiciones y, sin querer, tantas "putadas", que jamás tiene esa suerte. Quien, sobre todo, ha soñado su vida adulta, solo abre los ojos a la realidad al alcanzar la vejez y entonces, naturalmente, conoce al fin las interminables noches de insomnio que trae la mala conciencia propia de aquellos que, por su costumbre juvenil de no poner nunca los pies en el suelo, llegaron a creer en serio que tenían alas y que las suyas no eran de cera. Incorregibles Ícaros, ellos quisieron siempre volar más alto que nadie hasta que una noche se encontraron revolcándose en medio de los sudores fríos del miedo y descubrieron que estaban solos, aleteando frenéticos en un charco de culpa y quebrados por la mitad, cual patéticos y artificiales pájaros antropomórficos caídos a tierra desde el cielo raso de un olímpico taller de marionetas...

jueves, 16 de marzo de 2017

Diagnóstico diferencial

En realidad, escritor es todo aquel individuo "enfermo" que cree que producir una sola frase inteligente basta para justificar la existencia de un hombre. (Como la gente "sana" jamás podrá creer en algo así, es lógico que se dedique a cualquier otra cosa).

Principio básico de la Botánica

En el mejor de los casos, el amor es una planta que muere de éxito. Por eso mismo es tan preferible cultivar la amistad: porque, con ella, no nos creemos en la obligación de sentirnos culpables por el hecho de sobrevivirla.

domingo, 5 de marzo de 2017

El tercero en discordia

Una pareja siempre tendrá que hacerse perdonar el solipsismo feliz que supone la existencia dentro de un bucle de feedback en el que, de continuo, el amor ha de retroalimentarse para conseguir que sus dos miembros se realicen como personas y sean útiles a la sociedad. Un sistema organizativo de este tipo nace, se constituye gracias a una clamorosa injusticia (la necesaria exclusión o descarte de todos los demás seres humanos para poder distinguir a alguien como "único") y tal injusticia, naturalmente, deberá ser purgada y redimida mediante la correspondiente condena pospuesta en el tiempo. En el fondo, pues, se trata de una limitada "asociación de malhechores" que, por separado, se sienten culpables, y en conjunto saben que solo tendrán futuro si lo engendran. En el fondo, el hijo es solo una de las maneras que tienen de pagar su deuda con la ingente humanidad despreciada a la que deben su existencia y, por eso, se miran a la vez con recelo y con deseo. Son cómplices de una injusticia terrible y de ahí que se vigilen sin descanso, pues saben a ciencia cierta que entre ellos hay siempre un tercero en discordia: el traidor que duerme en medio con un ojo permanentemente abierto.

viernes, 3 de marzo de 2017

La ruleta rusa

Con solo que una vez nos abandone o falle la persona amada, puede que en la vida no hallemos ya mas que exitosas soluciones a medias. Mirad a vuestro alrededor y las veréis por todas partes: el triunfo en cualquier actividad mundana se amasa casi siempre con las lágrimas más amargas que jamás lloró nuestra alma, la fama tiene a menudo un precio que solo se puede pagar prostituyendo el corazón en cada esquina, y demasiadas veces la oportunidad de sobrevivir se la debemos sola y exclusivamente a la cobarde posibilidad de mentir. La envidia más mezquina, la ambición sin límite, la crueldad gratuita y la lujuria sin freno suelen ser los premios de consolación para los perdedores en ese juego que consiste en apostarlo todo al Todo o Nada, pues nadie sale indemne de esa ruleta rusa, ni siquiera quien se salva.