Una pareja siempre tendrá que hacerse perdonar el solipsismo feliz que supone la existencia dentro de un bucle de feedback en el que, de continuo, el amor ha de retroalimentarse para conseguir que sus dos miembros se realicen como personas y sean útiles a la sociedad. Un sistema organizativo de este tipo nace, se constituye gracias a una clamorosa injusticia (la necesaria exclusión o descarte de todos los demás seres humanos para poder distinguir a alguien como "único") y tal injusticia, naturalmente, deberá ser purgada y redimida mediante la correspondiente condena pospuesta en el tiempo. En el fondo, pues, se trata de una limitada "asociación de malhechores" que, por separado, se sienten culpables, y en conjunto saben que solo tendrán futuro si lo engendran. En el fondo, el hijo es solo una de las maneras que tienen de pagar su deuda con la ingente humanidad despreciada a la que deben su existencia y, por eso, se miran a la vez con recelo y con deseo. Son cómplices de una injusticia terrible y de ahí que se vigilen sin descanso, pues saben a ciencia cierta que entre ellos hay siempre un tercero en discordia: el traidor que duerme en medio con un ojo permanentemente abierto.
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