Buscando sin desmayo el amor, ofrecí y, en correspondencia, exigí, la mutua consagración, la más fuerte voluntad de mantenerse fiel, y la rústica dureza de criterio en relación a los sentimientos que es propia de los caracteres obsesivos o intransigentes. Pero al cabo, cuando el viento comenzó a soplar como nunca antes lo había hecho, la vida me enseñó que allí donde el acero se quiebra siempre aguanta impertérrito el flexible junco...
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