No sé por qué, cuando pienso en los ejemplos vitales de máxima discreción que he conocido, se me viene a la memoria el ocioso poeta Carlos Oroza caminando de puntillas por las calles inmediatas al puerto de Vigo (la imagen que de él conservo me evoca la de uno de esos despistados pajaritos playeros que parecen deslizarse solitarios sobre la arena para ir a suicidarse a toda prisa en el húmedo abrazo de la siguiente resaca), y la anécdota que me contaron sobre la inspiración que dio origen al verso más atinado que se ha escrito a este lado del mundo: "Actividad... ¡qué pena!": una conclusión certera y radical que, al parecer, sacó un día en que, buscando desesperadamente un amigo con el que hablar, descubrió que todos estaban trabajando en sus respectivos empleos y ninguno podía atenderle... ¡Ay! A rebujo de su recuerdo me pregunto cuánto sufrimiento callado no habrá de soportar un hombre que no ha nacido para ser útil, y cuánta no será la incomprensión que, fingiendo compadecerle, le separa del necio continente humano que a su alrededor se conjura para aislarle... Carlitos se fue el mismo año en que mi querido J.L. me anunció su final con esta frase de humor negro que algunos (me temo) juzgarán poco menos que escandalosa: "Solo me queda ya uno de mis dos pulmones para seguir fumando". Naturalmente, de ambas agonías casi nadie se enteró porque los más grandes, para no molestar, se van siempre en silencio y sin salir de su rincón...
Relatos breves y menos breves Poemas y escritos sin género definido Novelas que nunca salieron del taller
"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"
miércoles, 30 de agosto de 2017
domingo, 27 de agosto de 2017
Ecuación posesiva
Si no haces lo que te pido, si no me das esto que yo quiero, no existes para mí y, en consecuencia, no permitiré que sigas en mi vida, trastornándola, torturando mi orgullo con tu presencia que no cede a mis dictados, que no se pliega a mis deseos. A esto llamo yo "Amor", con mayúsculas, puesto que amar es para mí una consentida pertenencia mutua que jamás se desvía desobedeciendo, a la larga, las promesas hechas un día y los sentimientos declarados entonces, sentimientos que, por su misma naturaleza, eran o se creían inmutables, no debiendo cambiar con el tiempo salvo que uno de nosotros dos fuese un cobarde traidor, un alma que flaquea, cosa que todo el mundo sabe que yo no soy ni seré y, por tanto, por simple descarte, ya sabemos todos a quién define. No me pidas, pues, que sea tu amigo/a porque el único concepto que yo entiendo es el del amor-odio y, si bien puedo ser conjuntamente ambos términos de la ecuación, el amante que ama y odia a la vez, no puedo ser amigo solamente ya que eso sería imposible para alguien que no sabe simular ante nadie... como es mi caso.
miércoles, 23 de agosto de 2017
El gran suceso de cada día
Para la juventud los otros, los demás son el verdadero acontecimiento. En este sentido, yo me esfuerzo en mantenerme joven, aunque las más de las veces haya de exagerar un tanto mi sorpresa para lograr que alguien me sorprenda de veras. Con el paso del tiempo, la maravilla del otro se vuelve un fenómeno óptico cada vez más extraño y escaso, y muy pocos de nosotros, los así llamados "viejos", somos capaces de percibir ya la vivaz y exótica ráfaga de color que atraviesa sobrevolando la espesura mientras, a nuestro alrededor, el sol de la vida se pone poco a poco. Para nosotros, el único suceso realmente sorprendente es nuestro propio pensamiento y solo frente a él no tenemos que esforzarnos en fingir la sorpresa que despierta en quien ya casi no lo está toda aquello que vive todavía en su máximo esplendor y plenitud. Solo la belleza esquiva del propio pensamiento conserva hoy, para nosotros, aquel rango de acontecimiento supremo que tenía antaño un cuerpo joven o la felina aparición de una mirada inolvidable en la mediocre espesura cotidiana, y solo él es hoy capaz de excitarnos del mismo modo, de suspendernos en el aire como plumas elevándonos al infinito, de, por un momento, hacernos volar como pájaros y pensar que, a pesar de los pesares, no somos mortales, no señor...
jueves, 10 de agosto de 2017
La escasamente cómica tragedia del "borracho de amor"
...Es como en aquel chiste del borracho que ha perdido la llave de su casa en una calle oscura y, en vez de ponerse a buscarla allí mismo, en el preciso lugar en que la perdió, no lo hace hasta que, tras dar la vuelta a la esquina, se disipa de pronto la cerrada oscuridad que reina a su alrededor, y él se descubre bajo el haz de luz proyectado por una farola: solo entonces se agacha y arrodilla para examinar cada centímetro de acera iluminado con la absurda esperanza de que la llave perdida aparezca donde, en realidad, nunca se perdió, convencido de que ese objeto tendrá tal gentileza en consideración al confuso estado mental en que se halla su propietario y a la extrema dificultad que él tiene para buscarlo a tientas en donde nada se puede ver....
Así, de esa misma manera desesperada, mágica y absurda, suelen buscar los ciegos hombres el amor que perdieron en algún punto tenebroso de sus vidas: como si siempre pudieran recuperar la llave de su hogareña felicidad bajo el foco de otro corazón, en ese bello círculo de luz que, cuando menos se piensa, aparece a la vuelta de cualquier esquina, y no exactamente donde la perdieron, es decir: allí donde el suyo se quedó por completo a oscuras.
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