"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

viernes, 15 de septiembre de 2017

El limosnero

¡Oh, sí, aquí donde me veis, en la piel de este patético escombro que limosnea caricias en cada esquina de la noche, que pide la absolución de cada alma juvenil que hace rodar su mirada sobre los bebedores desconocidos que apasionadamente se abrazan a su copa, aquí mismo, en este cuerpo que se cae a pedazos como un palacio abandonado, yo también conocí el amor un día, un día tan lejano que se necesitaría la memoria de un paleontólogo para poder datarlo y recordarlo, y os juro que amé como los buenos que nada se reservan y todo lo entregan, incluso la conciencia de la amada, pues no se ama suficiente mientras no se pierde de vista el ser real de quien se ama; sí, yo fui tan feliz como puede y no debería serlo cualquier mortal, ya que la felicidad nos vuelve inconscientes, y esa inconsciencia acaso haga demasiado infelices a quienes, sin haber experimentado jamás tal dicha, por casualidad la contemplen con expresión entre envidiosa y reprobadora; y sí, lo malo fue que, a pesar de que nuestra relación era estrictamente monogámica, ambos, aunque leales, éramos infieles,  y siempre que podíamos nos traicionábamos lanzándonos a nuevas aventuras destructivas, ella entre los acogedores brazos del alcohol, su segundo y más comprensivo compañero, y yo bajo las absorbentes faldas de mi amante secreta, de mi verdadera novia y puta preferida: la literatura, cómo no!

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