Ese plural es, además de un pronombre, simplemente una exageración propia de sentimentales. Ese plural es, a lo sumo, una suma anárquica de átomos que también lo son, un giro alocado de protones en danza continua que, de cuando en cuando, parecen ordenarse en la música callejera de un engaño colectivo, pero que más a menudo compiten y se repelen entre sí. Ese plural es, en definitiva, un bando, una secta, un partido, y huele a odiosa solemnidad, a grandilocuencia asfixiante, a pretensión infumable, a no ser que a través de la voz del grupo se exprese el clan primitivo, la comunidad rural donde tal baile conserva la gracia armónica y espontánea de las vistosas coreografías de la Naturaleza.
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