"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 20 de marzo de 2017

El origen de la tragedia

El amor pasión es un tirano que lo quiere todo de nosotros, hasta lo que no podemos darle en modo alguno, y no por no tener voluntad de dárselo sino por carecer de ello: de ahí su desesperación frente a los regateos racionalizadores de Nuestra Sensatez y Nuestra Bondad, de ahí su sentimentalismo trágico, su sentimentalismo de perfiles duros que ve el mundo con claridad y nitidez, pero solo en blanco y negro; de ahí su autenticidad de bestia que no mira donde pisa y, en su ceguera, es capaz de llevarse por delante a la flor más bella, de ahí esa conmovedora autenticidad que, a la vez, nos resulta tan injusta y opresiva como la pataleta de un niño caprichoso... 
Pero, sobre todo, de ahí su acostumbrado final, siempre tan rápido e imprevisto a pesar de las muchas y claras señales que lo precedieron: de ahí aquel íntimo apocalipsis del alma que se hundió en el océano del tiempo en medio de grandes columnas de fuego y petrificadora lluvia de ceniza, en medio de terribles tormentas y maremotos que arrasaron para siempre esa particular y utópica Atlántida que es, en el fondo, el corazón de cada hombre, el corazón humano. Es decir: una civilización primigenia y feliz hecha no solo de cálculos precisos y razones fundadas, sino también de deseos locos y de pensamiento mágico, de la que creemos haber formado parte en un remoto origen, y que, después del amor pasión, de la tragedia madre de todas las tragedias, no vuelve a emerger en superficie sino al cabo de eras, aunque solo como leyenda o mito, no como una nueva realidad flagrante e indiscutible...

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