¿Por qué tenemos por un hecho indiscutible aquello que, en definitiva, y como denunció Panero, "no es, ni fue, ni será" aunque, sin embargo, conserve para siempre el nombre real con que, en su día, designamos el hueco abierto por él en nosotros, esa eterna carencia de nuestro corazón que no es sino la ternura que nadie supo (ni sabe ni sabrá) cómo darnos? ¿Será que es muy difícil amar algo o a alguien que no esté envuelto en un velo de sueños que emborrona y desfigura sus verdaderos rasgos? ¿Somos mixtificadores natos los hombres, en general, y, por haches o por bes, no podemos conmovernos sino ante lo que imaginamos o inventamos directamente en los demás? ¿Siempre y en todo caso, de forma explícita o no, es el amor una ficción de doble filo que, sea cual sea al que uno se aferra, consigue que sangremos de veras, a chorro y sin posibilidad de una rápida hemostasia? ¿Qué ama una persona apasionada en su amado/a si no es la exaltación de sí misma al imaginarse objeto de otra pasión parecida y recíproca? Y si no conoce, en realidad, a quien ama, ¿qué puede explicar su entrega incondicional sino su valor delirante y temerario, su desorbitada fantasía? ¿Depende el poder del amor de la inmensa fuerza creadora que, en origen, le proporciona su irrealidad? ¿Es solo gracias a ello, y aunque se pierda enseguida de hallado, que al fin y al cabo logra realizarse quien lo siente? ¿Lo queramos o no, somos hijos legítimos del engaño masivo que, eufemisticamente, la humanidad entera prefiere calificar de "ilusión" a la que confiar a ciegas su felicidad? ¿Y cómo es posible que sigamos llamando a eso "amor" y no "locura", a secas? ¿Acaso creemos en serio que _dada su extensión universal, como la de cualquier pandemia_ esa pasajera demencia es la condición sine qua non para ser feliz indefinidamente? ¿Pero cómo...? ¿Es que solamente estando locos seremos felices? ¿Por qué no se procesa, entonces, a los psiquiatras por estafadores, y se amonesta severamente a los psicólogos por ser cómplices necesarios de un timo: el de que la salud mental es algo valioso y deseable? Más aún: ¿por qué, simplemente, no se los fusila ya que, si estamos de acuerdo en que muerto el perro se acaba la rabia, es de suponer que matando antes a sus cuidadores tarde o temprano dejará de propagarse la enfermedad?
Relatos breves y menos breves Poemas y escritos sin género definido Novelas que nunca salieron del taller
"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"
martes, 26 de septiembre de 2017
jueves, 21 de septiembre de 2017
Preguntas y más preguntas
¿Por qué muere siempre el amor? ¿Por qué aquellos que una vez amamos, con el tiempo, en breve tiempo, nos cansan, duelen, irritan, aburren o desesperan? ¿Por qué la vida es tan absurda que, sin casi darnos cuenta, nos muda de tal forma el corazón haciendo que este se desprenda de aquello que hasta ayer mismo era su piel, como si su ley no fuera distinta a la de cualquier ofidio? ¿Cómo es que se ha de seguir vivo estando definitivamente, no ya muerto, sino en carne viva? ¿Por qué no nos morimos realmente, de verdad, cuando muere nuestra alma? ¿Y por qué esa misma alma, sin apenas darse tregua, se lanza a sustituir lo que, por definición, no tiene un sustituto? ¿Existe algo que sea más estúpido y que, a la vez, merezca más el calificativo de "humano"? ¿De dónde vino, y a dónde se irá ahora aquella pasión mortal que, en el fondo, jamás nos abandona? ¿De dónde la ilusión y de dónde la amargura? ¿En qué se diferencia este dolor de cualquier otro, esta tortura íntima que no queremos agotar hasta el punto de que, poco a poco, se vuelve, se insinúa como nuestra mejor amiga, como la única amistad que nos comprende al igual que lo hacen nuestras rodillas: plegándose como el feto sobre un pecho enmudecido? ¿Por qué hablar no tiene ya objeto, ni el sujeto una condición objetiva más allá del silencio, más cercana que el olvido? ¿Por qué el amor al fin y al cabo, si al fin es nada y, al cabo, todo?
sábado, 16 de septiembre de 2017
La tontería del Arte
El que dijo que el arte era una tontería decía la verdad, aunque a medias, pues debería haber añadido que es la única tontería que no pueden cometer los simples tontos, los tontos de base. Para que esté a nuestro alcance se requiere que antes alcancemos la cima de esa categoría humana y seamos ya tontos ilusorios, tontos soñadores que son muy capaces de dejarse morir de hambre por darse el lujo de hacer el tonto de esa forma: cultivando con humildad su arte cada día, perseverando en él hasta que no se sepa hacer otra cosa, hasta conseguir la categoría social de "tonto de base" en cualquier otra actividad o disciplina, y corriendo, por ello, el riesgo de no sacar para comer, de perderlo todo o casi todo por principio, desde el trabajo a la salud pasando por el buen nombre y la mujer.
Así, pues, es cierto: es una tontería. Pero esa tontería hay que intentarla, emprenderla a fondo, sin medias tintas. Y, si no, mejor que seas inteligente y ni empieces siquiera a hacer el tonto porque la prueba será demasiado dura para todo aquel que solo tenga inteligencia. La prueba la describió Buhowski (otro tonto de altura) hace algún tiempo y consiste en soportar el rechazo general y la incertidumbre sin fin, en sentirse desolado estando a solas con los dioses, en ver arder las noches en llamas mientras, atrapado en la habitación de tu conciencia, luchas inútilmente por cerrar los ojos. La prueba, en definitiva, es una batalla sin tregua contra la tentación de la renuncia que nos incita, sin pudor alguno, a huir hacia la vida, y uno debe aceptar que, a pesar de que esa batalla la tengamos perdida de antemano, es para nosotros, los tontos artistas, la única que cuenta...
viernes, 15 de septiembre de 2017
El limosnero
¡Oh, sí, aquí donde me veis, en la piel de este patético escombro que limosnea caricias en cada esquina de la noche, que pide la absolución de cada alma juvenil que hace rodar su mirada sobre los bebedores desconocidos que apasionadamente se abrazan a su copa, aquí mismo, en este cuerpo que se cae a pedazos como un palacio abandonado, yo también conocí el amor un día, un día tan lejano que se necesitaría la memoria de un paleontólogo para poder datarlo y recordarlo, y os juro que amé como los buenos que nada se reservan y todo lo entregan, incluso la conciencia de la amada, pues no se ama suficiente mientras no se pierde de vista el ser real de quien se ama; sí, yo fui tan feliz como puede y no debería serlo cualquier mortal, ya que la felicidad nos vuelve inconscientes, y esa inconsciencia acaso haga demasiado infelices a quienes, sin haber experimentado jamás tal dicha, por casualidad la contemplen con expresión entre envidiosa y reprobadora; y sí, lo malo fue que, a pesar de que nuestra relación era estrictamente monogámica, ambos, aunque leales, éramos infieles, y siempre que podíamos nos traicionábamos lanzándonos a nuevas aventuras destructivas, ella entre los acogedores brazos del alcohol, su segundo y más comprensivo compañero, y yo bajo las absorbentes faldas de mi amante secreta, de mi verdadera novia y puta preferida: la literatura, cómo no!
miércoles, 13 de septiembre de 2017
El ahorcado
De haber renunciado cuando te lo pidieron los que amabas ahora tendrías una vida a tus espaldas, pero tú no tenías carácter para poder hacer una vida y solo eras constante pensando, intentando profundizar en tu obra. No eras un artista, eras solo un escritor y, puesto que ni siquiera escribías, no eras nadie. A ellos se les agotó la paciencia y tú eras demasiado débil como para no reaccionar, pues se precisa mucha fortaleza para no entrar en pánico cuando la tierra tiembla bajo nuestros pies. Creíste que el amor de otro preservaría para ti la corona por la que tú no podías luchar y que no sabías defender, y, naturalmente, la cosa acabó como el rosario de la aurora. Ahora el guardián ya no está contigo, y tú no eres más que la sombra de un espantapájaros en medio del centeno. El silencio ha caído sobre el yermo y nevado paraje que finalmente has llegado a ser, pero no ha caído como una losa sino como una lluvia de tópicos amargos que te sepultaron igualmente. Con cada nuevo amanecer, el día se aprieta hoy a tu alrededor como el nudo de una horca, y tu cadáver ya no tiene otra actividad que tragar saliva mientras se empeña en no sacar la lengua todavía...
martes, 12 de septiembre de 2017
En fin
Da lo mismo tener un nombre o no tenerlo porque todo lo que se piensa, habla y escribe, o pertenece a, o no es sino un comentario apócrifo de un interminable texto anónimo que, por el hecho de llevar al pie nuestra inconfundible firma o de haber sido expuesto con nuestra especial retórica, confirma solo la universal impostura que reina en el mundo y no nuestra personal manera de apropiárnoslo. Pensar, hablar, escribir... En fin: excesos de toda esa gente, entre la cual me incluyo, que aún no aprendió a ser ejemplarmente breve y concisa. Sí: a resumir callando, pero mientras tanto sus ojos no paran de reírse también de su silencio.
lunes, 11 de septiembre de 2017
Los comienzos imposibles
"¿Por dónde empezar?" era la frase con la que empezaba esta nota o entrada cuya primera redacción borré accidentalmente: una torpeza feliz gracias a la que ahora dispongo de una segunda oportunidad con la que demostrar lo bien que encaja mi ego estos estúpidos (por irritantes) golpes del azar que la Informática nos propina en el momento menos pensado. Intentaba exponer allí mis ideas sobre "los comienzos imposibles" o, mejor dicho, sobre lo imposible que resulta un comienzo cualquiera en un texto literario que se precie, razón de por qué la primera suele ser la frase definitiva, la más crucial y recordaba de muchos de ellos (no pondré ejemplos que son demasiado obvios y que vienen de inmediato a la mente de la mayoría de nosotros). No son pocos los autores que afirman que, una vez pensada y destilada la frase inicial de un relato o de una novela, el resto es pan comido por más extensa y compleja que sea la obra en cuestión. Y entre ellos hay quien dice, además, que si esa frase no contiene el entero espíritu de lo que allí se va a contar, el alma misma del libro que ella abre, entonces sería preferible que este no viese la luz de la publicación porque su calidad no podrá ser mucha y sus lectores perderán el tiempo con su lectura. Por mi parte, yo respeto esa opinión aunque me parece algo radical, si bien no demasiado (yo concedería un margen un poco más amplio, el de una o dos páginas iniciales, para saber si valdrá o no la pena que sigamos leyendo). Si el tiempo es oro en la vida real, más aún lo es, o debería serlo, en el mundo de la ficción, y no deberíamos derrochar nuestra inteligencia e imaginación leyendo literatura convencional, productos fabricados en serie por falsos escritores, por impostores que se ocultan bajo una fórmula de éxito comprobado. Y, del mismo modo, tampoco un escritor que no escriba solo imposturas nos hará perder el tiempo escribiendo frases previsibles que semejan productos salidos de una cadena de producción industrial. Por eso son tan sintomáticos, cara al rápido reconocimiento de la Literatura realmente importante, ciertos comienzos que introducen y resumen de forma modélica la esencia de lo narrado, de lo que se va a narrar a continuación, pero sin proporcionar apenas pistas de la historia que sigue, más aún: confundiéndola adrede, o desfigurándola incluso, para que su descubrimiento posterior nos la haga todavía más sabrosa e inolvidable (no quería dar ejemplos, repito, pero quizás bastaría con que recordarais el comienzo de La Metamorfosis o de La Odisea para haceros una idea aproximada de por dónde voy). Son esos comienzos los que yo llamo "imposibles" porque no es posible leerlos sin sentir, ya de entrada, que hemos sido arrojados a un escenario absurdo, a un paisaje por completo desconocido que, misteriosamente, nos parece no solo familiar sino íntimo, el marco natural de nuestra identidad perdida que, entonces y de pronto, recuperamos por obra y gracias del lenguaje, igual que sucede siempre que nos enamoramos.
jueves, 7 de septiembre de 2017
Un manojillo de ideas para la siempre urgente reforma de la Enseñanza Básica Obligatoria en nuestro país
¿Qué se puede esperar de un Sistema de Enseñanza Pública que se limita a evaluar periódicamente a sus alumnos, pero no a sus profesores? Cara a poder acabar algún día con el fracaso escolar, ¿no sería más inteligente examinar con estricta regularidad a estos últimos (digamos, por ejemplo, cada tres o cuatro meses) en justa reciprocidad con aquellos a los que, en uso de sus prerrogativas laborales, valoran y califican? ¿Por qué esta estrategia pedagógica se acepta con naturalidad en un sentido y no en el otro? ¿Solo porque sería muy "poco educativo" que un docente con plaza vitalicia suspendiese su propia asignatura, viéndose el Sistema obligado a declararle "no apto", pero sin la posibilidad administrativa de condenarle a repetir curso puesto que, en su caso, lo que le correspondería sería el despido libre y judicialmente procedente, nada más...? Y, en todo caso, ¿por que se considera que el educando es a todas luces un inepto absoluto en términos de desarrollo intelectual y, por tanto, que no tiene la capacidad de usar el sentido común a la hora de opinar sobre cómo reeducar a su educador (una vez este haya sido declarado incapaz, quiero decir)? ¿No sería infinitamente preferible que los educandos participaran activa y responsablemente en el Sistema permitiéndoles elegir, mediante plebiscito democrático, a los pedagogos que sean de su agrado y piensen como él al respecto de la Educación? Si al pedagogo, para ser verdaderamente eficaz, se le presupone el derecho a sentir un mínimo rencor hacia la libertad que es inherente a la Infancia (puesto que esta es la condición personal a corregir en el infante a su cargo), también se le debería conceder a esa Infancia, creo yo, el derecho a refutar la idoneidad de ciertos adultos que, por su propio bien, y con el consabido rigor y profesionalidad, aspiran a reprimirle lo mejor de sí misma, ya que, de otro modo, nunca conseguirían educarla. Si, por lógica y porque es su deber, el buen padagogo ha de odiar hasta cierto punto al sujeto sobre el que opera y actúa, ¿no resulta de una crueldad inaudita privar a ese individuo de todos los medios con los que poder defenderse de su "bienintencionado depredador"? Sería de justicia que la sociedad que pretende atraerle e incorporarle a su seno le consintiera, e incluso le proporcionara, algunos recursos con los que organizar y mantener su defensa, ¿no? A cualquier animal salvaje la Naturaleza le da la oportunidad de exhibir su fiereza cuando lo encierran, y la Sociedad admira, sobre todo, a aquellos que continúan indómitos incluso cuando los barrotes de su jaula ya se han oxidado por el paso del tiempo en cautividad. ¿Por qué, entonces, no hacer lo propio con quienes, por más años que lleven matriculados en un colegio o en un instituto, siguen rugiendo en las aulas y moviéndose de un lado a otro entre los pupitres, sin respeto por las normas y reventando las clases, o sea, cual fieras enjauladas, en efecto? Seamos serios: ¿de qué sirve intentar sedarlos con un castigo ejemplar o una expulsión temporal? ¿No procedería, en cambio, otorgarles en premio un aplauso, eso sí, arrojándolo desde lejos, como quien arroja una carnaza envenenada? Digo yo que se les podría arrojar un aprobado colectivo y, luego, una vez dormidos, extirparles la pelotudez rebelde como si se tratara de una glándula enferma (lo que, por otra parte, acaso sea así en esas edades, donde casi toda la fenomenología orgánica, incluida la típica rebeldía adolescente, está en relación con las concentraciones hormonales y sus repentinas crecidas en el torrente sanguíneo). No digo que esta sea la panacea contra la mayoría de los males de la Enseñanza Obligatoria en nuestro país, pero es posible que con esta medida de aprobar a diestro y siniestro se diera un paso de gigante en tal dirección y, por lo demás, no se perdería nada poniéndola en práctica puesto que, a día de hoy, a buena parte de los escolares españoles les daría igual aprobar que suspender siempre que sus padres no se enteraran. Así que tal vez lo único que precisaríamos hacer para mejorar nuestra posición en el ránking europeo sobre niveles de Calidad en la Enseñanza Básica sería reservar el derecho de admisión en nuestros colegios solamente a los huérfanos, visto que solo de esa manera ascenderíamos rápidamente en esa lista hasta llegar a liderarla. Y si adjuntáramos a esto una decidida intervención en lo que atañe a los derechos y obligaciones del profesorado, entonces miel sobre hojuelas porque estoy seguro de que el estatuto y la figura del profesor se verían por fin respetados y revalorizados como es debido si a estos, a los profesores: 1º) se les prohibe terminantemente refugiarse en la sala que, de ordinario, el centro educativo les reserva durante los recreos y descansos, y se les insta, en cambio, a que salgan al patio a socializar con su alumnado en igualdad de condiciones o, simplemente, a tomar el aire; 2º) se les retira la obligación de acudir a los claustros en aras de no fomentar el elitismo propio del gremio y la mala imagen que, por lo general, ofrecen todas las reuniones sectarias en que, además de emitirse fatuas contra los disidentes, se toma escrupulosa nota de los ausentes con el reprobable fin de disciplinarlos y penalizarlos; 3º) se excluye de entre sus funciones toda actividad distinta a la de transmitir conocimientos o adiestrar en técnicas y habilidades diversas, quedando, en consecuencia, excluidos de integrarse en equipos directivos u otros órganos de poder administrativo, que estarán compuestos por profesionales ajenos a la Docencia; 4º) se les conmina a estudiar tanto o más que los educandos a los que tutelan teniendo en cuanta que habrán de pasar parecidos controles de evaluación en fechas parecidas, y que, de no superarlos, verán cómo se les descuenta en la próxima nómina un porcentaje equivalente de su salario, que habrá de ser destinado a reforzar el presupuesto de las excursiones anuales u otros eventos lúdicos organizados por sus alumnos; y 5º), en prevención de las depresiones clínicas que se abaten con sospechosa frecuencia sobre su colectivo profesional, cara al futuro se les promete reducir su vida laboral activa a un tercio de la vigente en la actualidad para otras profesiones de riesgo, como bomberos, policías, agentes de seguridad y domadores de circo, al objeto de disminuir el posible aumento de los suicidios entre sus miembros, y vista la enorme cifra de opositores que son candidatos a ocupar sus plazas una vez estas queden libres por causa de un nudo corredizo correctamente apretado.
sábado, 2 de septiembre de 2017
Meditación a la sombra de un árbol
¡Que diferentes somos, amigo! El desarraigo es mi raíz en la tierra, y es solo gracias a ella que yo me alimento, crezco e, incluso, florezco.
viernes, 1 de septiembre de 2017
La gran estafa
Sin amor el mundo es plano, solo él le da relieve, crédito, vitalidad. Y lo que digo no es idealismo o amaneramiento propio de sentimental, es una observación realista: solo el que ama existe realmente, pues, a partir de un determinado momento, los demás nos contentamos con ser nuestros propios simulacros, ya simulemos el éxito o el fracaso. Y en esto hay gente que alcanza una enorme maestría: simulan tan bien que hasta consiguen fingir exitosamente su armonía interna y su "indiscutible" felicidad, aunque en el fondo la suya no sea sino otra de las soluciones a medias con las que, andando el tiempo, el desamor humano se contenta y resigna en todas partes, a lo largo y ancho de la Tierra...
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