La, en apariencia, escandalosa afirmación de la defensa "Hay que perdonar al egoísta porque lo suyo no tiene cura" es, en cuanto a contundencia argumental, del mismo estilo que esta otra: "Quien desprecia al cobarde olvida que él, al menos, se mantiene fiel a sí mismo". Ustedes pueden pensar lo que quieran, señores del jurado, pero la ley establece que "in dubio pro reo", y yo, como fiscal, he de reconocer que no he descubierto aún coartadas que sean a la vez más falsas y más sólidas que las que estos dos "indeseables" esgrimen intentando salir airosos del juicio de la vida...
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