"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los comienzos imposibles

"¿Por dónde empezar?" era la frase con la que empezaba esta nota o entrada cuya primera redacción borré accidentalmente: una torpeza feliz gracias a la que ahora dispongo de una segunda oportunidad con la que demostrar lo bien que encaja mi ego estos estúpidos (por irritantes) golpes del azar que la Informática nos propina en el momento menos pensado. Intentaba exponer allí mis ideas sobre "los comienzos imposibles" o, mejor dicho, sobre lo imposible que resulta un comienzo cualquiera en un texto literario que se precie, razón de por qué la primera suele ser la frase definitiva, la más crucial y recordaba de muchos de ellos (no pondré ejemplos que son demasiado obvios y que vienen de inmediato  a la mente de la mayoría de nosotros). No son pocos los autores que afirman que, una vez pensada y destilada la frase inicial de un relato o de una novela, el resto es pan comido por más extensa y compleja que sea la obra en cuestión. Y entre ellos hay quien dice, además, que si esa frase no contiene el entero espíritu de lo que allí se va a contar, el alma misma del libro que ella abre, entonces sería preferible que este no viese la luz de la publicación porque su calidad no podrá ser mucha y sus lectores perderán el tiempo con su lectura. Por mi parte, yo respeto esa opinión aunque me parece algo radical, si bien no demasiado (yo concedería un margen un poco más amplio, el de una o dos páginas iniciales, para saber si valdrá o no la pena que sigamos leyendo). Si el tiempo es oro en la vida real, más aún lo es, o debería serlo, en el mundo de la ficción, y no deberíamos derrochar nuestra inteligencia e imaginación leyendo literatura convencional, productos fabricados en serie por falsos escritores, por impostores que se ocultan bajo una fórmula de éxito comprobado. Y, del mismo modo, tampoco un escritor que no escriba solo imposturas nos hará perder el tiempo escribiendo frases previsibles que semejan productos salidos de una cadena de producción industrial. Por eso son tan sintomáticos, cara al rápido reconocimiento de la Literatura realmente importante, ciertos comienzos que introducen y resumen de forma modélica la esencia de lo narrado, de lo que se va a narrar a continuación, pero sin proporcionar apenas pistas de la historia que sigue, más aún: confundiéndola adrede, o desfigurándola incluso, para que su descubrimiento posterior nos la haga todavía más sabrosa e inolvidable (no quería dar ejemplos, repito, pero quizás bastaría con que recordarais el comienzo de La Metamorfosis o de La Odisea para haceros una idea aproximada de por dónde voy). Son esos comienzos los que yo llamo "imposibles" porque no es posible leerlos sin sentir, ya de entrada, que hemos sido arrojados a un escenario absurdo, a un paisaje por completo desconocido que, misteriosamente, nos parece no solo familiar sino íntimo, el marco natural de nuestra identidad perdida que, entonces y de pronto, recuperamos por obra y gracias del lenguaje, igual que sucede siempre que nos enamoramos. 

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