"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

lunes, 2 de noviembre de 2015

El defecador de estrellas

Los escritores de mi tipo no conocen la realidad y, por eso, apenas hablamos de ella, No es falsa modestia ni humildad, es peor: es la pura verdad. En lo que a mi respecta, y aunque me tacharan de déspota, la expulsaría al extranjero para que no diera tanto la lata. En este país, sin embargo, no se puede vivir al margen de tan totalitaria dama, so pena de no tener de qué hablar con los amigos. Aquí, incluso los que podrían hablar con solvencia y brillantez de cualquier otro tema, se inclinan en seguida por citarla y comentarla a cada rato, como si la conversación no tuviera otro recurso vital del que mantenerse. Actualmente, entre los conversadores (incluso entre los buenos), ese recurso se concentra en la "situación política", a la que se califica unánimemente de "más problemática que nunca", como si la realidad de España a lo largo de su historia hubiera sido otra cosa distinta a un problema. Todos ellos olvidan, o parecen olvidar, que la realidad no sólo es obvia (lo que todavía tendría un pase), sino que, además, es redundante, y que  la redundancia, al ser redonda, no hay por donde cogerla. Sin embargo, todo el mundo quiere hacerlo justo por donde más le duele, es decir, por sus órganos reproductores: el gobierno, los partidos, los bancos, la monarquía, Cataluña, el Camino de Santiago, el Toro de la Vega  y esa entelequia tan hispana que se resume en la fórmula La Madre Que Los Parió, que, en cuanto órgano reproductor, engendra todo tipo de realidades, pero ninguna que tenga de su parte a la prensa. La situación, como se ve, no es que sea problemática sino que es justo al revés: es el Problema el que  no deja de estar en la misma  "situación" de siempre y, en un caso así, los únicos que tendrían algo que decir serían los matemáticos, no los profetas. No obstante, en la actualidad española, todos los profetas se han metido a matemáticos, con lo que cualquier ley matemática que se pretenda aplicar para resolver el problema del Problema será una nueva quimera, visto que los simples aficionados nunca resuelven nada que no sea, en sí, una chapuza, y, si lo hacen, es con otra chapuza y por la tremenda. ¿He dicho "tremenda"?... ¡Ay! Temo que me haya corneado otro toro (el del Subconsciente) porque en este país el tremendismo ha sido siempre bienvenido y reverenciado, y no me extrañaría que "esa acabe siendo la solución, después de todo", como (inmersos también en su propio problema) llegaron a pensar los romanos de los bárbaros...
Pero, como decía al principio, no pienso hablar de la Realidad con mayúsculas porque la ignoro, y yo soy un discreto Don Nadie que nunca escribe de lo que desconoce. Hablaré, en cambio de "la otra realidad", de la barriobajera, de la que suele liarse a puñetazos con el realismo ya que es, en el fondo, la más realista y sabe que nada de lo que parece real es lo que parece. Esta es la que me incumbe y la que yo exploro, pues sucede puertas adentro, donde me siento como pez en el agua de su pecera, Soy (si algo soy) escritor de interiores en los dos sentidos: el de espacios cerrados y el de pechos abiertos. Realmente no sé qué decir de lo que pasa ahí fuera, ya que afuera es arduo y muy raro encontrar las aguas contradictorias en que yo nado: aquellas en las que a mayor profundidad es donde hay más oxígeno. No respiro fácilmente sino en la soledad saturada de si misma y, por eso, mi medio natural es la burbuja acorazada de un cuarto sin ventanas donde resuena la música atonal y descompasada del silencio. Diré más y mejor: soy como una polilla de carcoma refugiada en la madera de la que está hecha el universo y que, si aún no lo sabéis, es la misma de los sueños humanos: me alimento, pues, devorando lentamente las vigas de una compleja y antiquísima arquitectura forjada en el big-bang, por lo que (disculpando la metáfora) también  se podría decir que soy quien defeca las estrellas. Así que, para mí, la disyuntiva está entre ser devorador o ser devorado y, como podéis comprender, no hay color. Naturalmente, prefiero comer que ser comido por el simple motivo de que, como destino individual, es más sano cagar de vez en cuando que ser excretado a todas horas.

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