Sólo he logrado alcanzar una cierta identidad gracias a la negación de mi ser social, de ese que, aún hoy y a pesar de mis sucesivos desmentidos, todavía soy para los demás: un médico que no ejerce gracias a su temporal condición de rentista. Pero mis más serios compromisos consistieron siempre en prestar juramentos que nada tenían que ver con el hipocrático: todos ellos eran de carácter íntimo y habían sido ratificados formalmente con el monosílabo "no" pronunciado entre dientes, ni siquiera de viva voz. Y con ese "no" oculto y apagado en el fondo de mi garganta es cómo me he enfrentado a la vida casi siempre (salvo en los pocos momentos místicos en que, como quien intenta suicidarse apuñalándose con una hoja de doble filo a cual más afilado, me arrojé sin pestañear sobre un "sí" brotado espontáneamente del corazón). Casi siempre, repito, he dicho no a la vida empujado a ello por un instinto profundo de hombre escéptico y libre que sabe no ha venido al mundo a trabajar para acercarse lo más posible a ella, sino "para otra cosa", cualquiera sea lo que esto signifique. Por ejemplo: sin duda fue por eso que no tuve hijos. Y también era por eso, supongo, que tarde o temprano abandonaba a las mujeres que me querían, los trabajos que me ofrecían, las amistades que no pedía... Esa "otra cosa" para la que yo había nacido me aconsejaba la fuga cada vez que la vida se acercaba demasiado a mi, pués, sin yo saberlo, algo en mi interior sabía que sólo desde la distancia respecto al vivir podría llevarla a cabo, hacerla realidad. Sin embargo, terrible contradicción, ¡yo creía con toda sinceridad querer vivir, solamente vivir!...
Pero no era verdad porque, en el fondo, nunca quise participar en la vida, ser uno más, parte de algo que se sintiera existiendo en un Todo y, después de integrado, no lamentase la disolución de su ser en el matraz del sueño colectivo. A esta luz concluyo, entonces, que yo no quería ser alguien en el Todo pero, no obstante, quería serlo todo para alguien (o al menos lo quise así mientras fui joven). ¿Qué os parece, amigos? ¿Se puede ser más iluso, más contradictorio?... No, desde luego que no. En esa "otra cosa" de la que aquí hablo no dudo que estaba mi ser más desnudo y radical. Pero yo sentía no tener derecho a ella por el hecho de no querer luchar por ella: no sé si me explico. Yo creía que en la lucha estaba la única justificación posible para desear lo que se desea y que, si no luchaba, mi deseo no me sería nunca lícito. De ahí que imaginase que sólo el amor cierto de otra persona podría concederme ese derecho, ¿comprendéis? En el fondo yo no podía, ni quería, realmente amar; quería escribir, pero para escribir necesitaba que me amaran. ¿Lo entendéis ahora?... En más de una ocasión a lo largo de mi vida me habían acusado de ser un "solitario frustrado", pero yo tardé demasiado tiempo en intuir lo acertado que era este diagnóstico y, si lo pensáis bien. eso lo explica todo: era demasiado joven, muy estúpido y, sobre todo, débil. ¿Qué queréis que hiciera? ¿Decir "lo siento"?... ¡Vale¡ ¿Pero de qué vale decir "lo siento" cuando ya es tarde y, además, cuando ha sido gracias a algo que no se perdona que finalmente he podido perdonarme a mi mismo por ser lo que soy?...
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