Tú fuiste mi Astro Naciente y mi Estrella de Belén.
Tú mi virgen progenitora y mi pesebre.
Sabiendo que yo no soy de los que echan raíces,
En la hospitalidad de tu cuerpo hallé domicilio,
Y con tu primer beso me comprometí a pagar
A plazos la hipoteca del Paraíso.
Tú fuiste mi fe y mi apostasía,
Tú mi dócil demonio y mi ángel mortífero.
Mi salvadora perdida, mi querida verdugo,
Al filo de tus ojos culpo de mi sangría:
En cada gota, el reflejo de mi cabeza cortada.
En cada gota, el embrión de mi abortado futuro.
Que nadie se fíe del tiempo que pasa
Restándole crédito a la eternidad del momento.
Que nadie se crea tan a salvo en su amor
Y se eche a dormir en brazos de la desidia.
Tú fuiste mi aurora boreal y mi noche oscura.
Tú mi sol sin ocaso y mi luna nueva.
Sabiendo que yo no soy de los que saben negarse,
La serpiente de los días me ofreció su manzana,
Y con el primer bocado adquirí de regalo
La ciencia vil de Tu Desconocimiento.
Tú fuiste mi luz y mis hondas tinieblas.
Tú mi metal dorado y mi pozo sin fondo.
Mi gran descorazonadora, mi Nada radiante,
El incendio de tus lágrimas quemó todas mis naves:
Con cada vela, otro flameante sueño roto.
Con cada vela, un nuevo horizonte aún más desesperado.
Que nadie se fíe del propio corazón cuando desea
Un tiempo feliz que no existe por siempre en ningún lugar.
Que nadie olvide que sólo el deseo es inmortal
Ni, por ello, se apresure a dar muerte a su mortal amor.
Sabiendo que yo no soy de los que echan raíces,
En la hospitalidad de tu cuerpo hallé domicilio,
Y con tu primer beso me comprometí a pagar
A plazos la hipoteca del Paraíso.
Tú fuiste mi fe y mi apostasía,
Tú mi dócil demonio y mi ángel mortífero.
Mi salvadora perdida, mi querida verdugo,
Al filo de tus ojos culpo de mi sangría:
En cada gota, el reflejo de mi cabeza cortada.
En cada gota, el embrión de mi abortado futuro.
Que nadie se fíe del tiempo que pasa
Restándole crédito a la eternidad del momento.
Que nadie se crea tan a salvo en su amor
Y se eche a dormir en brazos de la desidia.
Tú fuiste mi aurora boreal y mi noche oscura.
Tú mi sol sin ocaso y mi luna nueva.
Sabiendo que yo no soy de los que saben negarse,
La serpiente de los días me ofreció su manzana,
Y con el primer bocado adquirí de regalo
La ciencia vil de Tu Desconocimiento.
Tú fuiste mi luz y mis hondas tinieblas.
Tú mi metal dorado y mi pozo sin fondo.
Mi gran descorazonadora, mi Nada radiante,
El incendio de tus lágrimas quemó todas mis naves:
Con cada vela, otro flameante sueño roto.
Con cada vela, un nuevo horizonte aún más desesperado.
Que nadie se fíe del propio corazón cuando desea
Un tiempo feliz que no existe por siempre en ningún lugar.
Que nadie olvide que sólo el deseo es inmortal
Ni, por ello, se apresure a dar muerte a su mortal amor.
----------------
No hay comentarios:
Publicar un comentario