"Un artista no debe contar su vida tal y como la ha vivido, sino vivirla tal y como la va a contar"

miércoles, 29 de julio de 2015

Sombrero de bota

Decididamente no hay mayor elegancia que saber lucir una bota por sombrero, manteniéndola en coqueto equilibrio sobre la cabeza y sin sentirse aplastado por ella. Es fácil calarse un sombrero (incluso uno que no sea de nuestra talla) porque la convención social es lo que espera ver sobre una cabeza aún cuando ya no esté de moda llevar sombrero. Lo realmente difícil es calzarse una bota que no es de nuestro número hasta las orejas, y sonreír como si no pasara nada mientras desfilamos por la pasarela del mundo, donde sólo se aplaude y valora el prêt-à-porter de Madanme Astucia...
Pero no os equivoquéis, amigos:  yo no he venido aquí a hablar de astucia, sino de elegancia, de ese perfil inconfundible (de aristócrata venido a menos) que le otorga a la figura humana cualquier derrota sin paliativos. Echémosle juntos otro vistazo: a  pesar del deterioro físico que se traduce en mal olor, su mirada es frontal y valiente, el porte erguido y orgulloso. ¿Qué sentir en su presencia si no es un gran pudor o una ira sorda, incontenible (es decir: exactamente lo mismo que debieron sentir los plebeyos de antaño ante aquella falsa nobleza que apestaba a perfume y a molicie)?..
¡Oh, sí! Decididamente es gracias a estos seres que lo han perdido todo que todavía nosotros no estamos totalmente echados a perder, y que aún nos podemos consolar al constatar que no todo en el mundo es cuestión de astucia: también están ellos, los del "sombrero de bota", los elegantes derrotados de la globalización, los nuevos dandis de la pobreza, esa vanguardia futurista de las nuevas masas desauciadas de futuro...

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