Me ha aliviado bastante enterarme de que un ingenuo es, en realidad, un idiota íntegro, y no un idiota a secas, puesto que la palabra "idiota" tiene mala prensa, mientras que el adjetivo "integro" todo lo contrario: alude a virtudes como la probidad, la rectitud y la honradez, y está emparentado de cerca con términos como "integrado" o "integral", mediante los que se vincula a la parte con el todo de forma inequívoca y férrea, sin medias tintas, lo que es de agradecer cuando son tantos los tontos del culo que se empeñan en no querer sumar y en hacer pasar una cosa por otra, la fracción por la totalidad, los árboles por el bosque, los huevos por la tortilla, los deseos por la voluntad, etc, etc...
(PD: los tontos del culo, en cambio, no son ingenuos porque, en su caso, la integridad es sólo el conjunto de condiciones ambientales en que florecen y proliferan sus tonterías, no el de las virtudes antes citadas, y que, andando el tiempo, les harían ser unos perfectos idiotas o idiotas íntegros, que es el máximo escalafón que se puede alcanzar en esta noble carrera de la idiotez a la que se apuntan, desde el mismo momento de su nacimiento, todos los inocentes del mundo y alrededores).
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